
Guerrero reclamó esta vez la atención de Eduardo Iturralde González para informarle de que el barcelonista Thiago Motta, a su entender, había agredido al zaragocista Diego Milito y merecía la cartulina roja directa. Como hace diez años, los jugadores, entonces los del Zaragoza y ahora los del Barcelona, rodearon al asistente, contrariados por su intervención.